Ortodoncia







Brackets metálicos tradicionales
La opción más utilizada por su eficacia y durabilidad. Consiste en colocar pequeñas piezas metálicas adheridas a los dientes, conectadas por un arco que se va ajustando periódicamente para mover los dientes gradualmente hacia su posición ideal. Son ideales para tratar casos complejos de maloclusión.
Brackets estéticos (cerámicos o de zafiro)
Funcionan igual que los metálicos, pero están fabricados en materiales transparentes o del color del diente, lo que los hace mucho más discretos. Son una excelente alternativa para adultos o adolescentes que desean un tratamiento menos visible sin sacrificar resultados.
Ortodoncia invisible (alineadores transparentes)
Este tratamiento utiliza férulas removibles y transparentes, fabricadas a medida. Se cambian cada pocas semanas para guiar los dientes a su posición final. Son cómodos, casi invisibles, y permiten una mejor higiene dental, ya que pueden quitarse para comer o cepillarse.
Ortodoncia lingual (brackets invisibles por detrás)
Los brackets se colocan en la parte interna de los dientes, por lo que no se ven desde fuera. Es una solución completamente estética, aunque requiere más tiempo de adaptación y un especialista con formación específica. Ideal para quienes buscan resultados sin alterar su imagen.
Retenedores post-tratamiento
Una vez finalizada la ortodoncia, los retenedores son esenciales para mantener los resultados obtenidos. Pueden ser fijos o removibles, y su uso es clave para evitar que los dientes vuelvan a desalinearse con el tiempo.
Tratamientos interceptivos (en niños)
En edades tempranas, se puede actuar con aparatos como expansores de paladar o mantenedores de espacio, que ayudan a guiar el crecimiento óseo y prevenir problemas mayores en la edad adulta. Son tratamientos menos invasivos y muy efectivos cuando se aplican a tiempo.